Germán Mayo Correa nació el 8 de diciembre de 1933 en Valparaíso. Siempre sintió interés por el deporte tuerca, acompañando de niño a sus tíos a las primeras carreras de autos que se realizaban en el famoso Circuito Sur de Santiago, conformado por las largas rectas de Santa Rosa y el camino a Puente Alto. También disfrutó mirando en el circuito de tierra de Limache los duelos entre los Ford y los Chevrolet a fines de los 40 y comienzos de los 50.

“Debuté como piloto en 1959 en el Circuito Cerro Condell de Curicó (donde también debutó Boris Garafulic en un Volvo), manejando un Ford Ranchero modelo 1957 V 8, cuya única preparación era un buen afinamiento, el escape libre y un saco de arena en la parte de atrás para darle peso en la cola” nos cuenta. También recuerda que, en el Parque Cerrado, cuando el veedor realizó la revisión técnica, sin su autorización la hizo andar y la aceleró a fondo, “ya que estaba buscando un eje de levas que había llegado de USA para esos motores”. Esa maniobra ocasionó un corte de válvula por lo que tuvo que trabajar durante toda la mañana hasta conseguir reparar el motor.  Después se supo que el eje de levas especial lo tenía el vehículo de Claudio de Toro, otra Ford Ranchera que también participaba en la carrera.

Su segunda incursión en las pistas tampoco estuvo libre de percances: “Cuando me disponía a correr una carrera Valparaíso-Santiago, llené el estanque en una bomba en Viña del Mar, cuya bencina no tenía el octanaje requerido, lo que le perforó un pistón al motor”.

La primera carrera que corrió en Turismo Carretera fue en el Circuito Parque Cousiño en la capital. Su participación fue poco afortunada pues el motor Chevrolet 235 de 6 cilindros del año 1954, tenía un magneto muy pesado y el piñón se trababa con el engranaje del eje de levas, desgastándolo rápidamente. El auto venía con una caja de Buick de tres velocidades con cambio al piso, pero estaba en muy mal estado. Recuerda “habíamos arreglado el auto en poco tiempo colocándole una caja de cambios de camioneta al piso, y no tenía palanca especial, así es que le pusimos tres mangos metálicos y así no más hacía los cambios.”

“En aquel entonces nos reuníamos en la Asociación de Volantes de Chile AVOCH, que era el único club que concentra

ba a todos los pilotos de las distintas ciudades, y un grupo de jóvenes le dimos un nuevo impulso por lo que fuimos nombrados en el directorio. Años después formamos la rama de automovilismo de la Universidad Católica, y esa fue la mejor y más fructífera época del automovilismo”.  De los jóvenes volantes de la UC con quienes levantó el deporte automovilístico de esos años recuerda a Luis Hernán Videla, a los hermanos Gimeno, a Mario Queirolo, a los hermanos Amenábar, a Juan Armando Band, a los hermanos Bengolea, a Germán Picó, y a los hermanos Comandari.

Mayo siempre representó a los colores de la Universidad Católica y en su larga carrera deportiva tuvo dos copilotos los cuales alternaba en cada competencia: su hermano Rodrigo Mayo y su mecánico Raúl Bravo. Este último también preparaba sus vehículos, junto a José Toledo en el taller GEMACO

La especialidad de Germán Mayo como piloto fueron los circuitos, participando en muchas ocasiones en el de “Las Barrancas”, entre los años 1962 y 1965, escenario donde fue particularmente exitoso con varios triunfos a su haber, lo que lo consagró entre la afición deportiva. En estricto rigor obtuvo allí tres primeros lugares, tres segundos y un cuarto puesto. Fue el piloto más exitoso en ese histórico escenario del sector poniente de la capital. Sin duda este palmarés espectacular lo llevó a aparecer nada menos que en la portada de la antigua y famosa revista Estadio, como una de las grandes figuras del automovilismo nacional.

En 1965 hizo debutar un nuevo auto en el Circuito Los Dominicos donde protagonizó un vibrante duelo con el campeón Raúl “Papín” Jaras. “Ese auto fue armado y preparado íntegramente en mi garaje GEMACO y creo sin lugar a duda que fue el TC coupé más bonito fabricado en Chile, además de muy competitivo”. Corrió también en muchos otros circuitos como en el de Playa Ancha, La Florida, Limache, Viña del Mar, el Circuito de Arica en El Morro y los autódromos Las Machas y Roca Roja en Antofagasta, cosechando más éxitos.